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21.446 – Alternativas económicas – Aula 2

La Fageda: políticas públicas, ESS e innovación social

Este artículo forma parte del trabajo desarrollado durante el semestre en la asignatura Alternativas Económicas del grado de ADE de la UOC. A lo largo de la materia hemos ido analizando una entidad de la Economía Social y Solidaria  (ESS), y en mi caso la elección fue La Fageda. El texto que sigue recoge esa mirada continuada, donde se entrelazan los contenidos del curso con la realidad concreta de la organización.

La Fageda es, desde hace años, un ejemplo muy particular dentro de la ESS. Su misión —ofrecer empleo y acompañamiento a personas con diversidad funcional o trastornos de salud mental— no es un eslogan, sino el eje que sostiene todo lo que hacen. Esto se percibe tanto en su comunicación institucional como en materiales divulgativos donde explican su historia y la manera en que entienden el trabajo y el territorio (La Fageda, 2020). Esa coherencia entre lo que dicen y lo que hacen es, probablemente, una de las razones por las que se ha convertido en un referente.

A medida que avanzaba el análisis, se hacía evidente que La Fageda encaja de forma natural en los principios de la ESS: las personas por delante del capital, la gestión democrática, el vínculo con el territorio y la reinversión del excedente en la propia misión. No es que se adapten a estos principios; más bien, parecen haberlos practicado antes de que se formularan como tales. Esto facilita su alineación con marcos como la Agenda 2030, especialmente en los ODS relacionados con el trabajo decente, la salud, la reducción de desigualdades o el desarrollo territorial (Naciones Unidas, 2015). También conecta con el Plan de Acción Europeo para la Economía Social (Comisión Europea, 2021) y con el PERTE de la Economía Social y de los Cuidados, que impulsa la innovación social y la digitalización ética en entidades del sector (Gobierno de España, 2024).

Uno de los temas que más dudas generaba al principio era la digitalización. La Fageda ha ido incorporando herramientas tecnológicas, pero lo hace con cierta cautela. No buscan sustituir procesos humanos ni convertir la tecnología en un fin en sí mismo. Más bien intentan que sirva para mejorar la organización interna sin perder de vista que su trabajo se sostiene en el acompañamiento y en la relación directa con las personas. Esta forma de entender la digitalización coincide con las recomendaciones europeas, que insisten en que la transformación tecnológica debe ser inclusiva y estar al servicio del bienestar (Comisión Europea, 2021). El reto, en su caso, es avanzar sin romper el equilibrio entre eficiencia y cuidado.

El ejercicio sobre monedas sociales abrió un espacio de reflexión interesante. El DAFO mostraba que La Fageda tiene elementos que podrían sostener un proyecto de este tipo: confianza comunitaria, arraigo territorial, una cultura de cuidado muy marcada. Pero también aparecían límites claros, como la necesidad de masa crítica o la incertidumbre legal. Por eso, más que una propuesta inmediata, la moneda social se presenta como una posibilidad a explorar a medio plazo. En este punto, los Ateneus Cooperatius pueden jugar un papel importante, ya que ofrecen acompañamiento técnico y fomentan la Inter cooperación entre entidades (Generalitat de Catalunya, 2024).

La contratación pública es otro ámbito que puede influir de manera directa en la sostenibilidad de la entidad. Las cláusulas sociales, los contratos reservados o la compra pública alimentaria sostenible podrían reforzar su presencia en servicios públicos como escuelas, hospitales o residencias. No se trata solo de vender más, sino de que las administraciones reconozcan el valor social que generan organizaciones como La Fageda. La contratación pública, bien utilizada, puede convertirse en una herramienta de política social que fortalezca la ESS y contribuya a redistribuir oportunidades.

En el proceso de elaboración del trabajo contacté con la entidad para contrastar algunas ideas. La respuesta llegó desde el área de Relaciones Públicas e Institucionales. Explicaban que reciben muchas solicitudes de estudiantes y que, por ese motivo, no siempre pueden mantener un intercambio fluido. Aun así, ofrecían la posibilidad de enviar preguntas concretas para poder responderlas e incluso concertar una videollamada para resolver dudas. Aunque el contacto fue breve, permitió entender mejor la presión externa que soportan y la importancia de que las políticas públicas también contemplen el fortalecimiento institucional de las entidades, no solo su financiación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de revisar todos estos elementos, la impresión general es que La Fageda tiene un potencial transformador muy significativo. Su forma de trabajar, su misión y su impacto en el territorio la sitúan en una posición privilegiada dentro de la ESS. Pero también enfrenta retos: avanzar en una digitalización ética, explorar nuevas formas de innovación social, aprovechar mejor la contratación pública y reforzar su capacidad institucional. Lo que está claro es que su contribución va más allá de la producción alimentaria. La Fageda genera inclusión, dignidad y comunidad, y demuestra que otra manera de hacer economía no solo es posible, sino que ya existe.

Fuentes de consulta

  • Blanc, J. (2011). Classifying “CCs”: Community, complementary and local currencies. International Journal of Community Currency Research, 15, 4–10.
  • Comisión Europea. (2021). Plan de Acción para la Economía Social 2021–2030. Unión Europea.
  • Fare, M., & Ahmed, P. (2017). Complementary currencies and social inclusion: Lessons from European experiences. Journal of Community Currency Research, 21(2), 1–12.
  • Generalitat de Catalunya. (2024). Ateneus Cooperatius. https://treball.gencat.cat/ca/ambits/economia_social/vols_crear_una_cooperativa_o_una/ateneus/ (treball.gencat.cat in Bing)
  • Gobierno de España. (2024). PERTE de Economía Social y de los Cuidados. https://planderecuperacion.gob.es/como-acceder-a-los-fondos/pertes/perte-de-economia-social-y-de-los-cuidados
  • La Fageda. (2020). Historia y misión de La Fageda [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=tYg_Z4Dqvx0
  • Naciones Unidas. (2015). Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

 

La Fageda: Fortalezas y Retos hacia una Moneda Social

La idea de introducir una moneda social en La Fageda obliga a mirar con otros ojos aquello que la organización ya hace desde hace años. Su proyecto siempre ha girado en torno a la dignidad, el acompañamiento y la creación de vínculos, y no tanto a la lógica estricta del mercado. En el día a día se generan formas de valor que no pasan por una nómina: el apoyo entre compañeros, la estabilidad emocional que proporciona un entorno seguro, la transmisión de habilidades o la simple presencia compartida. Todo esto forma parte de lo que podríamos llamar economía invisible, un conjunto de aportaciones que sostienen la misión social de la entidad pero que quedan fuera de los mecanismos habituales de reconocimiento económico. Seyfang (2004) ya señalaba que este tipo de valor comunitario es fundamental, aunque el dinero convencional no sepa medirlo.

Una moneda social permitiría, en cierto modo, dar un lugar explícito a ese valor que ahora circula de manera informal. Corrons, en su webinar sobre monedas complementarias, insiste en que estos sistemas no buscan sustituir al euro, sino activar recursos que ya existen en la comunidad y que permanecen infrautilizados. La experiencia de La Turuta en Vilanova i la Geltrú muestra que, cuando una comunidad dispone de un medio de intercambio propio, la participación aumenta y la riqueza generada se queda en el territorio. En un entorno como la Garrotxa, donde La Fageda mantiene relaciones estables con productores y comercios locales, este tipo de herramienta podría reforzar dinámicas que ya funcionan, pero que podrían adquirir una dimensión más amplia.

La organización parte de una posición favorable. Su arraigo territorial, su reputación y la confianza que genera son elementos que, según Blanc (2011), resultan determinantes para que una moneda comunitaria pueda consolidarse. Además, la cultura interna de La Fageda —centrada en las capacidades de cada persona y en la importancia del acompañamiento— encaja bien con la lógica de los bancos de tiempo y de los sistemas de crédito mutuo. Fare y Ahmed (2017) señalan que estos modelos funcionan especialmente bien en contextos donde existe una base comunitaria sólida, algo que aquí se cumple. Varios compañeros han destacado precisamente este punto: La Fageda ya genera valor no monetario de forma natural, lo que facilita que una moneda social no se perciba como algo ajeno, sino como una extensión coherente de su manera de trabajar.

Sin embargo, esta misma estructura también plantea retos. El primero tiene que ver con la manera en que solemos entender el valor. La idea de que solo cuenta aquello que se paga con dinero es muy persistente, y Corrons advierte que este “mapa mental” puede generar resistencias incluso en organizaciones con una fuerte orientación social. A esto se suma la falta de experiencia específica en la gestión de monedas sociales. Aunque La Fageda tiene una larga trayectoria en la ESS, estos sistemas requieren tareas de seguimiento, dinamización y comunicación que no siempre son fáciles de asumir. Una compañera apuntaba que integrar una moneda social en el día a día puede convertirse en una carga organizativa si no se planifica bien, algo que coincide con lo que señala Martín Belmonte (2014) sobre la complejidad de estos sistemas.

También hay que tener en cuenta el marco institucional. Ávila y Tezanos (2023) señalan que la normativa española sobre monedas sociales es todavía ambigua, lo que obliga a diseñar estos sistemas con prudencia para evitar problemas legales. Este aspecto puede convertirse en un freno si no se acompaña de un diálogo con administraciones locales y actores del territorio.

A pesar de estas dificultades, las oportunidades son considerables. Una moneda social podría reforzar la economía local, creando un circuito de intercambio que mantenga el valor dentro de la Garrotxa. Lietaer (2001) y Blanc (2011) coinciden en que las monedas comunitarias funcionan como “circuitos cerrados”, donde el dinero no se escapa hacia grandes cadenas, sino que circula entre quienes viven y trabajan en el territorio. Para La Fageda, esto podría traducirse en nuevas formas de colaboración con comercios locales y en una mayor conexión con la comunidad. Varios compañeros han destacado este punto: la moneda social no sería tanto crear algo nuevo, sino reforzar lo que ya existe.

Otra oportunidad importante tiene que ver con la inclusión. No todas las personas vinculadas a La Fageda pueden trabajar a tiempo completo, pero sí pueden aportar habilidades, tiempo o conocimientos. En un sistema de intercambio alternativo, estas contribuciones tendrían un reconocimiento explícito. Seyfang (2004) destaca que los bancos de tiempo permiten valorar actividades que el mercado no reconoce, pero que son esenciales para la cohesión social. En una organización donde la diversidad funcional es un elemento central, esta posibilidad adquiere un sentido especial.

Ahora bien, también existen amenazas que conviene considerar. Una de las más relevantes es la posibilidad de que la moneda no alcance una masa crítica suficiente. North (2010) explica que, sin un número mínimo de participantes, estos sistemas tienden a perder dinamismo y a desaparecer. A partir de las aportaciones de mis compañeros, conviene añadir un matiz importante: en experiencias como La Turuta se ha observado que, cuando la red de intercambios es limitada, la moneda puede acumularse sin que existan suficientes oportunidades para gastarla. Este “bloqueo” no depende solo del número de usuarios, sino de la diversidad real de bienes y servicios disponibles. En el caso de La Fageda, la viabilidad del sistema dependería en gran medida de cuántos actores del territorio se sumaran desde el inicio y de qué condiciones mínimas se establecieran para garantizar una circulación fluida.

En conjunto, la introducción de una moneda social local podría convertirse en una herramienta útil para profundizar en la misión social de La Fageda y reforzar su impacto comunitario. No se trata solo de crear un medio de intercambio alternativo, sino de abrir un espacio donde el valor se mida de manera más humana y más coherente con los principios de la Economía Social y Solidaria. Para que esto sea viable, sería necesario definir con claridad los recursos disponibles, las alianzas territoriales y los tipos de intercambios prioritarios, de modo que la moneda no solo exista, sino que tenga sentido para quienes participan en ella.

Fuentes  de consulta

  • Ávila Sánchez, M., & Tezanos Vázquez, S. (2023). Monedas sociales y economía circular: Sinergias, retos y oportunidades para España. CIRIEC-España.
  • Blanc, J. (2011). Classifying “CCs”: Community, complementary and local currencies. International Journal of Community Currency Research, 15, 4–10.
  • Corrons, A. (2019). Entrevista a la Asociación ECOL3VNG (La Turuta). Universitat Oberta de Catalunya.
  • Corrons, A. (2025). La importancia de las monedas complementarias en el desarrollo local [Webinar]. Universitat Oberta de Catalunya.
  • El Topo. (2014). Monedas sociales, tejiendo comunidad. https://eltopo.org/monedas-sociales-tejiendo-comunidad/
  • Fare, M., & Ahmed, P. (2017). Complementary currencies and social inclusion: Lessons from European experiences. Journal of Community Currency Research, 21(2), 1–12.
  • González de Canales, L. (2018). Monedas sociales y bancos del tiempo como herramientas de refuerzo de la población local. AlmaNatura.
  • La Fageda. (s.f.). Projecte social i activitats. https://www.fageda.com
  • Lietaer, B. (2001). The future of money: Creating new wealth, work and a wiser world. Random House.
  • Martín Belmonte, S. (2014). Cómo hacer una moneda social [Documento PDF]. La Aventura de Aprender.
  • Monedas sociales y complementarias: Innovar para sostener el comercio local. (2025). El Parteaguas.
  • North, P. (2010). Local money: How to make it happen in your community. Green Books.
  • Seyfang, G. (2004). Time banks: Rewarding community self-help in the global economy. Community Development Journal, 39(1), 62–71.
  • Universitat Oberta de Catalunya. (s.f.). Entrevista a la Asociación ECOL3VNG (La Turuta).

 

 

La Fageda y la economía invisible: hacia un sistema de intercambio comunitario

La idea de introducir una moneda social en La Fageda obliga a mirar con otros ojos aquello que la organización ya hace desde hace años. Su proyecto siempre ha girado en torno a la dignidad y al acompañamiento, y no tanto a la lógica estricta del mercado. En el día a día se generan formas de valor que no pasan por una nómina: el apoyo entre compañeros, la estabilidad emocional que proporciona un entorno seguro, la transmisión de habilidades o la simple presencia compartida. Todo esto sostiene la misión social de la entidad, pero queda fuera de los mecanismos habituales de reconocimiento económico. Autoras como Seyfang (2004) han descrito este tipo de aportaciones como parte de una economía comunitaria que el dinero convencional no sabe medir.

Una moneda social permitiría, en cierto modo, dar un lugar explícito a ese valor que ahora circula de manera informal. Corrons, en su webinar sobre monedas complementarias, insiste en que estos sistemas no buscan sustituir al euro, sino activar recursos que ya existen en la comunidad y que permanecen infrautilizados. La experiencia de la Turuta en Vilanova i la Geltrú, recogida por la UOC, muestra que cuando una comunidad dispone de un medio de intercambio propio, la participación aumenta y la riqueza generada se queda en el territorio. En un entorno como la Garrotxa, donde La Fageda mantiene relaciones estables con productores y comercios locales, este tipo de herramienta podría reforzar dinámicas que ya funcionan, pero que podrían adquirir una dimensión más amplia.

La organización parte de una posición favorable. Su arraigo territorial, su reputación y la confianza que genera son elementos que, según Blanc (2011), resultan determinantes para que una moneda comunitaria pueda consolidarse. Además, la cultura interna de La Fageda —centrada en las capacidades de cada persona y en la importancia del acompañamiento— encaja bien con la lógica de los bancos de tiempo y de los sistemas de crédito mutuo. Fare y Ahmed (2017) señalan que estos modelos funcionan especialmente bien en contextos donde existe una base comunitaria sólida, algo que aquí se cumple.

Sin embargo, esta misma estructura también plantea retos. El primero tiene que ver con la manera en que solemos entender el valor. La idea de que solo cuenta aquello que se paga con dinero es muy persistente, y Corrons advierte que este “mapa mental” puede generar resistencias, incluso en organizaciones con una fuerte orientación social. A esto se suma la falta de experiencia específica en la gestión de monedas sociales. Aunque La Fageda tiene una larga trayectoria en la ESS, estos sistemas requieren tareas de seguimiento, dinamización y comunicación que no siempre son fáciles de asumir. Fare y Ahmed (2017) subrayan que la sostenibilidad de estas iniciativas depende en gran medida de la capacidad de mantenerlas vivas en el tiempo, algo que exige dedicación.

También hay que tener en cuenta el marco institucional. Ávila y Tezanos (2023) señalan que la normativa española sobre monedas sociales es todavía ambigua, lo que obliga a diseñar estos sistemas con prudencia para evitar problemas legales. Este aspecto puede convertirse en un freno si no se acompaña de un diálogo con administraciones locales y actores del territorio.

A pesar de estas dificultades, las oportunidades son considerables. Una moneda social podría reforzar la economía local, creando un circuito de intercambio que mantenga el valor dentro de la Garrotxa. Lietaer (2001) y Blanc (2011) coinciden en que las monedas comunitarias funcionan como “circuitos cerrados”, donde el dinero no se escapa hacia grandes cadenas, sino que circula entre quienes viven y trabajan en el territorio. Para La Fageda, esto podría traducirse en nuevas formas de colaboración con comercios locales y en una mayor conexión con la comunidad.

Otra oportunidad importante tiene que ver con la inclusión. No todas las personas vinculadas a La Fageda pueden trabajar a tiempo completo, pero sí pueden aportar habilidades, tiempo o conocimientos. En un sistema de intercambio alternativo, estas contribuciones tendrían un reconocimiento explícito. Seyfang (2004) destaca que los bancos de tiempo permiten valorar actividades que el mercado no reconoce, pero que son esenciales para la cohesión social. En una organización donde la diversidad funcional es un elemento central, esta posibilidad adquiere un sentido especial.

La moneda social también podría aumentar la resiliencia del territorio. Corrons señala que estos sistemas actúan como amortiguadores en momentos de crisis, ya que no dependen de la disponibilidad de euros. En un contexto de incertidumbre económica, disponer de un medio de intercambio propio puede ofrecer una mayor capacidad de respuesta colectiva.

Ahora bien, también existen amenazas. Una de las más relevantes es la posibilidad de que la moneda no alcance una masa crítica suficiente. North (2010) explica que, sin un número mínimo de participantes, estos sistemas tienden a perder dinamismo y a desaparecer. También existe el riesgo de que la moneda se perciba como un proyecto accesorio si no se integra adecuadamente en la estrategia global de la organización. Para evitarlo, es necesario un proceso participativo que permita que la iniciativa sea comprendida y asumida por quienes forman parte de La Fageda y por su entorno.

En conjunto, la introducción de una moneda social local podría convertirse en una herramienta útil para profundizar en la misión social de La Fageda y reforzar su impacto comunitario. No se trata solo de crear un medio de intercambio alternativo, sino de abrir un espacio donde el valor se mida de manera más humana y más coherente con los principios de la Economía Social y Solidaria.

Fuentes de consulta

  • Ávila Sánchez, M., & Tezanos Vázquez, S. (2023). Monedas sociales y economía circular: sinergias, retos y oportunidades para España.
  • Blanc, J. (2011). Classifying “CCs”: Community, complementary and local currencies. International Journal of Community Currency Research.
  • Corrons, A. (2025). La importancia de las monedas complementarias en el desarrollo local. Universitat Oberta de Catalunya.
  • Fare, M., & Ahmed, P. (2017). Complementary currencies and social inclusion: Lessons from European experiences. Journal of Community Currency Research.
  • Lietaer, B. (2001). The Future of Money.
  • North, P. (2010). Local Money: How to Make It Happen in Your Community.
  • Seyfang, G. (2004). Time Banks: Rewarding community self-help in the global economy. Community Development Journal.
  • Universitat Oberta de Catalunya. (s.f.). Entrevista a la Asociación ECOL3VNG (La Turuta).

Más allá del yogur: el modelo sistémico de La Fageda como referente de ESS

La Fageda es un ejemplo singular dentro del panorama de la Economía Social y Solidaria en Cataluña. Su origen en  1982, no responde a una lógica empresarial convencional, sino a la necesidad de ofrecer un trabajo digno y con sentido a personas con trastornos de salud mental o discapacidad intelectual en La Garrotxa. Esta motivación inicial ha marcado su camino y justifica por qué su actividad funciona como un medio para sostener un proyecto social, y no como un fin en sí mismo.

La entidad ha establecido un modelo sistémico integrado por cinco entidades legales que permiten personalizar las trayectorias laborales y de apoyo a cada individuo según sus habilidades. Esta configuración incluye una cooperativa laboral, una fundación, un centro especial de empleo, un centro ocupacional y una compañía mercantil.  La combinación de estas entidades facilita que cada persona encuentre un entorno adecuado a su grado de autonomía, lo que evita caminos rígidos y propicia transiciones internas. Esta flexibilidad se alinea completamente con los principios de la ESS, especialmente con la noción de que la economía debe estar al servicio de las personas.

La gobernanza es uno de sus elementos más distintivos, si bien,  no sigue el modelo cooperativo clásico, ha construido un sistema para  la  toma de decisiones que protege la misión social y evita que la actividad económica   pueda  desviarse  hacia dinámicas puramente mercantiles. La fundación actúa como garante del propósito, mientras que la cooperativa y la sociedad mercantil gestionan la actividad productiva. La existencia de órganos directivos con perfiles diversos, mecanismos de supervisión ética y una cultura de transparencia refuerzan esta orientación. La organización hace públicas memorias de sostenibilidad, códigos éticos y documentación de buen gobierno que permiten evaluar su coherencia interna y su compromiso con la rendición de cuentas.

El vínculo con el territorio es otra  pieza clave: el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, un entorno que condiciona su actividad y refuerza su compromiso con la sostenibilidad. La organización ha obtenido certificaciones en  gestión ambiental, bienestar  animal, gestión de calidad e incluso la  Carta Europea de  Turismo  Sostenible y el Sello  de  Venta  de  Proximidad  que acreditan su respeto por el entorno y su apuesta por un modelo de producción responsable, reforzando su arraigo territorial y su apuesta por la producción local.

En términos de impacto económico y social ha generado un Valor Social Integrado superior a los 65 millones de euros en 2024, lo que equivale a un retorno aproximado de 13 euros por cada euro público recibido. Este indicador refleja no solo su actividad económica, sino también el ahorro en servicios sociales, la mejora de la autonomía personal y el impacto en las familias  y a que  su éxito comercial en el sector lácteo permite financiar los servicios asistenciales y mantener un modelo que no depende exclusivamente de subvenciones.

La  entidad también mantiene alianzas estratégicas con administraciones públicas, universidades, entidades del tercer sector y empresas privadas. Estas colaboraciones refuerzan su papel como actor sistémico dentro del territorio y como organización que trabaja en red, un principio fundamental de la ESS. Entre sus alianzas destacan la Generalitat de Catalunya, la Diputación de Girona, el Ayuntamiento de Olot, la Universitat de Girona, la UVic-UCC, Dincat, AEES Dincat y diversas empresas con las que colabora en proyectos de inserción, sostenibilidad o innovación.

CUANDO  LAS  PALABRAS  SE CONVIERTEN  EN HECHOS

La Fageda encaja de manera natural con los principios de la ESS, y lo hace desde una práctica cotidiana que refleja con fidelidad aquello que afirma en su misión y sus valores. Su manera de situar a las personas en el centro, especialmente a quienes han tenido menos oportunidades, muestra una comprensión profunda de la economía como herramienta al servicio del bienestar colectivo.

La organización entiende el trabajo como un espacio de dignidad, crecimiento personal y construcción de identidad, y esta visión se traduce en un modelo que prioriza las necesidades humanas por encima de cualquier lógica de maximización del beneficio. Con una plantilla superior  a los  650 empleados,  existen  345 asalariados,168  se  encuentran  en  situación especial de  vulnerabilidad y  88  son  personas  usuarias de  los   servicios  ocupacionales /pre laborales, cifras que  suponen  que  más del  55%  de  la  plantilla  están  en situación  de  vulnerabilidad,  un tanto  por ciento que  se  debe considerar un buen  resultado al  estar  inmersa en  el   mercado alimentario.

Su estructura de dirección también refleja esta coherencia. Aunque no responde al modelo cooperativo tradicional. La combinación de órganos directivos profesionales, supervisión ética y mecanismos de transparencia permite mantener un equilibrio entre sostenibilidad financiera y compromiso social. No se trata de una democracia directa en sentido estricto, pero sí de un modelo que busca preservar la esencia y garantizar que las decisiones estratégicas se tomen con responsabilidad y con una mirada a largo plazo.

El vínculo con el territorio refuerza esta coherencia. La Fageda no solo opera en La Garrotxa, sino que forma parte de su tejido social y económico. Su presencia ha contribuido a generar empleo estable en un entorno rural, a dinamizar la economía local y a fortalecer la cohesión comunitaria. La gestión de los recursos naturales en un espacio protegido muestra un compromiso con la sostenibilidad que va más allá de lo ambiental y se extiende a la sostenibilidad social y comunitaria.

El impacto social medido confirma esta coherencia. El Valor Social Integrado evidencia que su actividad produce beneficios que trascienden lo económico y repercuten directamente en la calidad de vida de las personas trabajadoras, sus familias y la comunidad. La capacidad de combinar viabilidad empresarial con un impacto social tan significativo demuestra que la ESS no es una alternativa teórica, sino un modelo capaz de ofrecer respuestas reales a necesidades sociales complejas.

NO TODO  ES  PERFECTO: ALGUNAS COSAS  QUE  PODRÍAN  MEJORAR

Aunque es un referente, existen áreas donde podría reforzar su alineación con los principios de la ESS  como  podría  ser la incorporación de nuevos criterios de ESS en la cadena de suministro, priorizando proveedores cooperativos, entidades sociales o productores locales con prácticas sostenibles  o explorar soluciones de movilidad sostenible para la distribución de productos, especialmente en el transporte de última milla, donde el impacto ambiental es significativo.

Considero  que  una mayor divulgación de indicadores sociales y ambientales facilitaría la evaluación externa del proyecto y reforzaría su compromiso con la transparencia.

3. Referencias  bibliográficas

  • (2024). La Fageda: una empresa con alma social. https://www.aecoc.es/articulos/c84-la-fageda-una-empresa-con-alma-social/
  • Carta Europea de Turismo Sostenible. (s.f.). CETS: Compromiso con el turismo responsable. https://www.europarc.org
  • Generalitat de Catalunya. (s.f.). Venta de proximidad: productos agroalimentarios de origen local. https://agricultura.gencat.cat
  • (s.f.). Normas ISO 9001 e ISO 14001: Sistemas de gestión de calidad y ambiental. https://www.iso.org
  • La Fageda. (2024). Memoria de sostenibilidad 2024. https://www.fageda.com
  • La Fageda. (s.f.). Transparencia: certificaciones, acreditaciones y buen gobierno. https://www.fageda.com/es/transparencia/
  • La Fageda. (2024). Alianzas 2024. https://www.fageda.com/wp-content/uploads/2025/05/ALIANCES-2024-ESP.pdf
  • Welfair™. (s.f.). Certificación en bienestar animal. https://welfaircertification.org

La Fageda

Después de revisar varias iniciativas de Economía Social y Solidaria, he decidido centrar mi trabajo en La Fageda, una cooperativa social situada en La Garrotxa. La conocía de oídas —sobre todo por sus yogures—, pero nunca me había parado a entender qué hay detrás del proyecto. Al investigar un poco más, me sorprendió descubrir que su actividad económica nació como respuesta a una necesidad social muy concreta: ofrecer empleo digno a personas con problemas de salud mental o diversidad funcional.

Lo que más me llamó la atención es que no funcionan como una entidad asistencial tradicional. Su planteamiento es casi el contrario: crear un entorno laboral real, estable y con sentido, donde las personas puedan desarrollar una vida autónoma. La producción de lácteos o mermeladas es importante, claro, pero no es el centro del proyecto; es el vehículo que permite sostenerlo.

He elegido esta organización porque refleja de manera muy clara varios principios de la ESS que me resultan especialmente significativos:  la gestión democrática, que se nota en la forma en que organizan el trabajo y en cómo se toman las decisiones; el vínculo con el territorio, ya que su actividad está muy conectada con La Garrotxa, tanto por el uso de recursos locales como por el impacto social que generan allí; la prioridad de las necesidades humanas, algo que se percibe en su objetivo principal: la inclusión social y laboral; la sostenibilidad, entendida más allá de lo ambiental, como la capacidad de mantener un proyecto que mejora la vida de las personas y fortalece la comunidad.

Me motiva trabajar sobre La Fageda porque combina dos dimensiones que me interesan mucho: por un lado, la gestión empresarial real, y por otro, un propósito social que va más allá del beneficio económico. Creo que analizarla durante la asignatura me ayudará a entender mejor cómo se aplican en la práctica los valores de la ESS y qué alternativas ofrece frente a los modelos empresariales más convencionales.

https://www.fageda.com/es/

 

Saludos,

 

Mª José  J.